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PobreEl mejor 

Se pasó el día 19 escribiendo su "carta a Santa". Puso gran esmero. Quería entregarla a tiempo, y quería darle una excelente presentación porque tenía una cantidad enorme de cosas que "necesitaba", y esta era su gran oportunidad. Si no aprovechaba ahora tendría que esperar hasta la siguiente Navidad. Así que "ahora o nunca" se dijo.

 

"Una bicicleta, una patineta y un robot" era el pedido que encabezaba sus siete páginas de cosas adicionales. Cada página contenía veinte deseos.

Desde octubre esa bicicleta, patineta y robot estaban en exposición en el súper. Uno de los conjuntos incluso se sortearía entre los clientes. En rueda de amigos ya habían discutido acaloradamente el tema y se habían confesado mutuamente que necesitaban las tres cosas juntas y con urgencia. Sin ellas la vida prácticamente ya no tendría sentido.

 

El único que no las necesitaba con tanta urgencia había sido José Luis, porque la fábrica donde trabajaba su padre había quebrado, y ahora estaba sin trabajo. "Me conformaría con una patineta" había dicho.

 

Después del duro trabajo de escribir, corregir y volver a escribir, entregó la carta a su papá quien se encargaría de llevarla al correo.

Cuando Ñico se fue a dormir estaba tranquilo sabiendo que había cumplido a tiempo la tarea y que su pedido estaría bien encaminado. Pronto se pavonaría ante sus amigos con la bicicleta, la patineta y el robot.

 

Nunca se imaginó los contratiempos que surgirían a último minuto.

Esa misma noche su papá revisó la carta. "¡Qué espanto!" pensó para sí mismo. "Además de ser excesivamente larga, (siete páginas), es absolutamente egocéntrica. Todo es para gratificarse a sí mismo, todo para su propio placer. Ni una sola mención de terceros. A juzgar por esta carta Ñico se considera el centro del universo”.

 

El día siguiente, terminados los cereales del desayuno, el papá dijo: 

 

 Ñico…

¿Pa?

Quiero contarte algo.

¿Qué?

Lo más importante en la Navidad es recordar el nacimiento de Jesús.

Sí, eso nos dijo también la seño en la iglesia.

Jesús es el regalo que Dios nos hizo a nosotros, y a toda la gente. Entonces se trata más de dar gracias que de pedir. Se trata más de dar que de recibir.

 

Ñico percibió que había "gato encerrado" en esta conversación.

¿Me estás diciendo que mi carta a Santa ...? y dejó la pregunta inconclusa.

 

¿Qué te parece si escribes otra carta?  Esta vez a Jesús. Y en vez de pedirle tanta cosa, dile algo que te gustaría dar.

 

Pero, Pa...respondió Ñico con evidente angustia—, hoy ya es 20. Si no la termino hoy, ya no llega.

Pues, manos a la obra.

¿Ningún pedido?

Con tal que no sean 140.

Está bien.

 

Refunfuñando se puso a escribir su nueva carta.

Después de unas horas, su escrito decía:

 

"Querido Jesús, muchísimas gracias por venir al mundo. Todos estamos muy contentos. Te quiero decir que por un año me voy a portar bien, y que solamente necesito una bicicleta, una patineta y un robot. Los que se ven en el súper".

 

Poniendo la carta en el sobre pensó:

"Al fin de cuentas no fue tanto trabajo, apenas es el mediodía. Hay suficiente tiempo para que llegue a destino".

Sin embargo, antes de entregársela a su papá para que la despache, reconoció interiormente que "un año son doce meses. Muchísimos días. Ni el mismo Santa puede portarse bien tanto tiempo.¡Qué problema! Y ya son las dos de la tarde”. Antes que fuese más tarde aún, Ñico decidió escribir su carta otra vez.

 

"Querido Jesús. Gracias por venir al mundo. Por seis meses me voy a portar bien. Favor de tomar nota que necesito  una bicicleta, una patineta y un robot....Los que se ven en el súper".

 

Pero tan pronto hubo terminado, y honesto como era, supo que prometer seis meses, también excedía sus posibilidades. ¿Qué hacer?

Ahora la  horas volaban. Un desesperante enojo fue creciendo en su interior. Si no se apuraba perdía la mayor oportunidad del año. Nervioso y fastidiado rompió su carta previa, y pensó en algo diferente. El reloj marcaba las ocho, afuera ya era plena noche y había empezado a nevar suavemente.

 

Antes de escribir otra vez se buscó una caja de zapatos vacía. Fue al arbolito de Navidad donde estaba armado el pesebre. Tomó a María. La puso en la caja de zapatos. Le colocó la tapa. Guardó la caja en su ropero, en la gaveta de arriba, bien al fondo. Luego cerró con llave la puerta y volvió a escribir su carta. Cuando finalmente terminó ya eran las diez de la noche. Ahora su carta decía:

 

"Mira Jesús, si alguna vez quieres volver a ver a tu mamá...Recuerda que necesito una bicicleta, una patineta y un robot. Los del súper".

El papá ya se había acostado, así que Ñico dejó su carta sobre la mesa y se fue a dormir. Ahora era cuestión de esperar hasta el 24 a la noche. ¡Qué paciencia! Pero como todo llega en la vida, también llegó el día y la hora tan esperados.

 

Ñico entró a la sala y con paso firme se acercó al arbolito, donde seguramente estarían la bicicleta, la patineta y el robot. Su carta había sido contundente y según creía—, absolutamente convincente.

Con gran sorpresa vio que no había nada de lo pedido.

 

"Seguramente están escondidos en algún lugar"pensó. Pero ni debajo de la mesa del arbolito, ni detrás de algún sillón, ni en ninguna parte. Sigilosamente fue al garage, pero allí tampoco encontró nada. Volvió pensativo junto al arbolito. "¿Dónde estarán?" se preguntaba a sí mismo. En eso vio algo sorprendente: María estaba en su lugar. En el lugar preciso de donde la había secuestrado. "No puede ser. Yo la saqué y la encerré. Bajo llave. No pudo haber vuelto por sí misma. Debe ser otra".

 

Ñico fue corriendo a su dormitorio. Abrió el ropero, sacó la caja de zapatos, le quitó la tapa. Y...Sí, María se había esfumado. En su lugar encontró una nota. Incrédulo la abrió y empezó a leer:

 

"Querido Ñico, gracias por tu carta. Me encanta recibir cartas. No te preocupes por lo que le hiciste a mi mamá. Estabas muy nervioso y enojado porque ya no sabías qué hacer. En cuanto a tu pedido, he tomado nota. Y no hace falta que me prometas nada, ni te sientas obligado a portarte bien para cumplir conmigo. En realidad lo único que me importa a mí, es ser tu amigo. Tu mejor amigo. Para toda la vida. ¿Qué opinas? ¿Me aceptas? Te quiero un montón."

Abajo, en el lugar de la firma decía, con letra más gruesa "Jesús".

Fue un impacto extraordinario.

 

"Qué increíblepensó Ñico, ni siquiera está enfadado conmigo por el secuestro de su mamá. Ni un solo reproche. Sólo quiere ser mi amigo".

Ñico se quedó muy pensativo. La carta de Jesús requería una respuesta; tenía que tomar una decisión. ¿Aceptaría a Jesús como su mejor amigo? ¿Por toda la vida? Las implicaciones eran enormes. Por un lado con Jesús por mejor amigo no habría detalle de su vida que no discutiría con él. Por otro lado, tener a Jesús como mejor amigo significaba que ya no habría peligro para él. Su mejor amigo siempre acudiría a tiempo para defenderlo.

 

Ñico entendió que esta decisión afectaría el resto de su vida. De camino a la cocina se preguntaba ¿lo acepto? Cuando llegó junto a su mamá que estaba preparando unos platos con pan dulce mientras el resto de la familia desenvolvía sus regalos, le preguntó:

 

Ma, ¿Cómo le digo a Jesús que él sea mi mejor amigo?

Creo que lo primero, y lo más importante es que lo sientas en tu corazón, que estés totalmente convencido que lo que le vas a decir, es realmente lo que le quieres decir. Jesús mira adentro de nuestro corazón, conoce nuestros pensamientos, sabe si somos honestos o no.

 

¿Nada más que eso?

Bueno, creo que si son amigos, lo que se dice mejores amigos, querrán hacer cosas juntos.

¿Y qué hace Jesús?

Siempre intenta beneficiar y ayudar a los demás. Especialmente a los que están pasando por dificultades. ¿Sabes de alguien que necesita ayuda?

Creo que esta Navidad José Luis no tiene ningún regalo, porque su papá está sin trabajo.

¿Y sabes de algo que le gustaría a José Luis?

Sí, una patineta.

¿Por qué no traes tus monedas ahorradas, a ver si te alcanzan para una patineta?

 

De pronto Ñico se había olvidado de la Navidad. De pronto todo su ser estaba concentrado en ver si sus ahorros alcanzaban para una patineta.

Ma, creo que me alcanza, le dijo minutos más tarde a su mamá.

Bueno, vayamos mañana al súper y veamos qué conseguimos.

Al día siguiente, Ñico fue con su mamá al súper. Aunque era 25 de diciembre, el súper había abierto por algunas horas. En el sector de las bicicletas también estaban las patinetas. Las había de diversos tamaños y colores. Las había de colores lisos, de una variedad de colores, y también con las imágenes de los personajes de moda. El increíble Hulk, Iron Man, Spider Man , Superman, las Ninjas y otros. Ñico escogió una con Spiderman sabiendo que ese era el héroe preferido de José Luis.

La caja 10 era la de menor cola, así que esperó allí y finalmente pagó con el montón de monedas de su alcancía.

 

Apenas se estaba alejando de la caja se escuchó en todo el súper un estridente Riiiiiiing.

Los clientes interrumpieron sus compras y prestaron gran atención. ¿Qué habría pasado? Entonces una voz respondió por los altoparlantes:

"El cliente que acaba de pagar en caja 10 se ha ganado el gran premio".

Ñico se quedó mirando sorprendido a su mamá cuando un grupo de empleados del súper, todos vestidos de Santa, se acercaron, empujando un montacarga con tres enormes regalos...La bicicleta, la patineta y el robot.

 

Repuestos de semejante sorpresa y en camino a la casa de José Luis, Ñico dijo:

 

 Ma, qué te parece si en vez de la patineta, le doy la bici, la patineta y el robot?

La mamá estiró su brazo para estrechar a Ñico contra su cuerpo y con gran emoción en su voz dijo:

 

Ñico, me doy cuenta que ahora tú y Jesús, son mejores amigos.  



 

 

 

 

 CARTA A JESÚS

(Recopilado y editado por Guillermo Kratzig con ayuda de su nieta Anita Khatcherián)

 

Es tiempo que hagan su carta a Santa dijo el maestro—,  y tiene que estar lista el 20 de diciembre para darle tiempo al correo y a Santa a que todos reciban lo pedido.

Hoy es 18, pensó Ñico—, me queda todo el día de mañana para escribir mi carta.

Con sus nueve años recién cumplidos, Ñico ya era una persona de tomar decisiones. Lo hacía con firmeza, dispuesto a aceptar las consecuencias, y determinado a insistir en sus decisiones hasta verlas realizadas.


 
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