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LA FUGA - Una historia verídica con

moraleja, por Guillermo Kratzig)

Fritz fue prisionero de guerra en Francia. 

Lo habían condenado a morir lentamente 

haciendo duros trabajos forzados. Al Poco

tiempo Fritz pensó: Entre morir trabajando

y morir huyendo, prefiero morir huyendo. 

Entonces...

 
tomó la decisión de huir. Se puso como meta escapar del campo de trabajos forzados. Nada ni nadie lo disuadiría. Para bien o para mal, estaba decidido a escapar

Se preguntó entonces: ¿Cómo puedo hacer para escapar? ¿Cuál será el mejor momento? ¿Invito a otros compañeros de prisión o prefiero ir solo? ¿Cuál será el equipo mínimo de sobrevivencia una vez fuera del campamento?

Aunque no tuvo enseguida todas las respuestas comenzó a planificar su huída.

Un aspecto esencial era la comida. Tenía que preparar provisiones suficientes  para tres días. Así que cada vez que recibía su ración diaria la analizaba cuidadosamente en busca de alimentos no perecederos. Con el pan, hacía pequeñas bolitas que dejaba secar detrás de una viga de su barraca. Cuando le servían frutas, como manzana, la cortaba en rodajas muy delgadas y las dejaba deshidratar igual que el pan. 

Después de varios meses decidió que tenía suficiente para tres días.

Al mismo tiempo hizo cuidadosas observaciones de lo que pasaba en el campamento.

Primero hizo mediciones regulares del tiempo que el guardia demoraba desde el momento de llegar en bicicleta, subir la escalera al escritorio, escribir el informe diario, volver a bajar, retomar la bicicleta y salir del campamento. Durante esos minutos Fritz podría actuar sin llamar la atención y sin ser visto. El guardia estaba concentrado en otra tarea y tenía que esmerarse para presentar un informe fidedigno. La muerte paulatina de estos prisioneros tenía que quedar cuidadosamente registrada.

Otra medición muy importante fue la del tiempo que el guardia tardaría en notar la ausencia de un prisionero, dar la alarma y causar el cierre total de la entrada general. Ese tiempo sería la ventana abierta que Fritz usaría para salir del campamento sin ser detenido.

La única manera de hacer ese cálculo era activando, supuestamente por error, la alarma. Por supuesto que el hecho causó gran disgusto. Hubo sanciones disciplinarias, pero Fritz logró su objetivo. Posicionado estratégicamente en la entrada de su barraca podía divisar a la distancia la entrada general, y ver cuándo caían las barreras y salían los soldados armados para impedir una eventual fuga. Su medición dio tres minutos. Fritz  lo consideró suficiente para tomar  la bicicleta del propio guardia y trasponer la distancia hasta la entrada general . 

Notó también que el guardia no sólo dejaba su bicicleta apoyada en la puerta, sino que se sacaba su gorra y su chaqueta. La temperatura interior de la barraca era considerablemente más alta que la del exterior.

Su siguiente campo de observación era el bosque mismo. Todos los días salían para hachar leña. Fritz aprovechaba ese tiempo para buscar un escondite adecuado. Necesitaba una cueva suficientemente grande y profunda para ocultarse a sí mismo y a la bicicleta. La cueva tenía que tener algún recodo interior para que los perros sabuesos que lo buscarían durante tres días pasaran por alto ese lugar.

Aunque le llevó algún tiempo, finalmente encontró lo que buscaba. 

Entonces también pudo resolver su último problema: el agua. Lógicamente en el campamento no abundaban las botellas u otros recipientes, sin embargo, pudo hacer algunos trueques y así conseguir lo que necesitaba. Llenaba esos recipientes con agua, los sellaba cuidadosamente y cuando iban al bosque a trabajar los dejaba caer disimuladamente en la boca de la cueva.

El último punto de su planificación sería esperar oculto durante tres días y luego aprovechar las noches para continuar su viaje hacia la frontera y con ello hacia la libertad.

Quedaba un último paso: poner el plan en acción.

Con la primavera, cuando las temperaturas se tornaron más benignas, Fritz se dijo: “Es hora de actuar”, y actuó. Un día esperó que el guardia estuviera escribiendo su informe, entonces se caló la gorra,  se vistió la chaqueta del guardia, montó la bicicleta y recorrió a toda carrera la distancia hasta la entrada general. Nadie lo detuvo. A la distancia todavía pudo oír el riiing de la alarma. Pero Fritz ya estaba afuera y pocos minutos después desapareció en su cueva.
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La gran moraleja que su fuga nos deja es que el logro de las grandes metas requiere tres elementos básicos. Ellos son:

Primero, FIJARSE UNA META.  Fritz se fijó la meta de huir del campo de concentración y buscar la libertad, aunque el intento le costara la vida.

Segundo, PLANIFICAR. Durante muchos meses Fritz planificó cada detalle de su huida. La comida, el agua, el momento indicado , qué hacer una vez fuera de la prisión.  Su minuciosa planificación fue premiada con el éxito. Fritz volvió a ser un hombre libre.

Tercero, EJECUTAR. Fritz no se quedó con la planificación. La mera planificación no conduce a ninguna meta. El éxito requiere ejecutar lo planificado. Fritz esperó el momento propicio y entonces ejecutó minuciosamente lo que por meses había diseñado en su mente. Y entonces volvió a ser hombre libre.

En resumen: FÍJATE UNA META; PLANIFICA CADA DETALLE; EJECUTA. 


 
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